Paloma Valencia vuela alto hacia la conquista de la Casa de Nariño

Paloma Valencia vuela alto hacia la conquista de la Casa de Nariño

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Por fin, tras más de 200 años de vida republicana, el aire en Colombia se siente distinto. Ya no es solo el murmullo de la política de siempre; es el rugido de una fuerza que ha sostenido al país desde el silencio de los hogares y el esfuerzo de las calles: la fuerza de la mujer colombiana.

El reciente evento en Cúcuta no fue solo un mitin político; fue una declaración de intenciones. Ver a miles de mujeres unidas bajo una misma consigna —la posibilidad real de tener a la primera mujer presidente— nos obliga a reflexionar sobre la deuda histórica que este país tiene con su población femenina.

La propuesta de Paloma Valencia, acompañada por la visión técnica y humana de Juan Daniel Oviedo, representa un quiebre necesario. Colombia ha sido gobernada por hombres desde su fundación, y aunque muchos han aportado, la perspectiva femenina —esa mezcla de determinación, resiliencia y cuidado— ha estado ausente de la máxima silla del poder. Como bien se escuchó en el evento: «No hemos tenido el chance de gobernar». Y ese «chance» no es un regalo, es un derecho ganado a pulso por las profesionales, las campesinas, las madres cabeza de familia y las jóvenes que hoy lideran las encuestas.

Es fascinante observar cómo las encuestas actuales reflejan un fenómeno imparable. El apoyo a una candidatura femenina no es solo una cuestión de género; es una respuesta a la necesidad de orden con empatía. La ciudadanía, especialmente en una segunda vuelta, parece estar enviando un mensaje claro: estamos listos para confiar el destino de la nación a quienes siempre han sabido administrar las crisis en sus propias casas y comunidades. Hoy las encuestas muestran que hay una campaña que gana en la segunda vuelta: es la de la mujer colombiana. ¿Por qué ahora? Estamos en un momento donde la política colombiana necesita puentes, no muros.

La alianza entre Valencia y Oviedo sugiere justamente eso: unión. * Representación: Una mujer en la presidencia rompe el «techo de cristal» para millones de niñas que hoy pueden soñar con ser líderes. Historia: Sería el acto de justicia social más grande del siglo XXI en nuestro país. Futuro: Escribir una historia donde el «Colombia Más Grande» sea una realidad inclusiva.

No se trata solo de votar por una mujer por el hecho de serlo, sino de reconocer que la capacidad, el liderazgo y la visión que el país necesita hoy tienen rostro femenino. El entusiasmo en Cúcuta y el ascenso en los sondeos no son coincidencia; son el despertar de una Colombia que entiende que, para avanzar, debe caminar con sus mujeres al frente. ¡Es hora de escribir historia!