En un movimiento que promete polarizar aún más el panorama electoral, la precandidata presidencial de derecha, Paloma Valencia, lanzó una propuesta que ha generado un terremoto político: de llegar a la Casa de Nariño, su Ministro de Defensa sería el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
La senadora Valencia, una de las figuras más visibles de la oposición, fundamentó su propuesta en la necesidad de un giro radical en la gestión del orden público del país. Según la candidata, el objetivo es sepultar la actual política de «Paz Total» del Gobierno Nacional para instaurar lo que ella denomina la «Seguridad Total».
El regreso de la «Seguridad Democrática»
Este anuncio es visto por analistas como el «guiño definitivo» a la política de Seguridad Democrática que marcó los dos periodos presidenciales de Uribe (2002-2010). Valencia busca capitalizar la nostalgia de un sector del electorado que demanda mano dura contra los grupos armados ilegales.
«La Seguridad Total no es solo un eslogan; es el regreso de la autoridad y el respaldo a nuestras Fuerzas Militares», afirmó Valencia durante un encuentro con simpatizantes.
Puntos clave de la propuesta:
Liderazgo de Uribe: Utilizar la experiencia del expresidente para reorganizar la estrategia contra el narcotráfico y la insurgencia.
Fin de la «Paz Total»: Desmantelar los procesos de diálogo que, según la candidata, han permitido el fortalecimiento de estructuras criminales.
Recuperación del territorio: Un enfoque centrado en la presencia militar ofensiva en las zonas más afectadas por la violencia.
Reacciones encontradas
La propuesta no ha tardado en encender el debate. Mientras que los sectores más afines al Centro Democrático celebran lo que consideran el «regreso del orden», sectores de centro e izquierda han expresado su preocupación.
Críticos del anuncio señalan que el regreso de Uribe a una cartera ministerial podría reabrir viejas heridas sociales y cuestionan la viabilidad de retomar una política de hace dos décadas en un contexto de seguridad que ha evolucionado significativamente.
Por ahora, el expresidente Uribe no ha confirmado si aceptaría el cargo, pero la sola mención de su nombre ha logrado lo que Valencia buscaba: poner la seguridad en el centro de la agenda nacional y consolidar su posición como la heredera del legado uribista.











