En Colombia ya no se habla de política sólo en lugares públicos; Se vive, se sufre y se lucha en el círculo familiar, en el chat del trabajo y en los canales que llegan a tu celular en cualquier momento. Con el 61% de los colombianos utilizando la mensajería instantánea como principal fuente de noticias, WhatsApp ha evolucionado de una herramienta de coordinación a un escenario de alta tensión emocional.
Para Juan David Patarroyo Quiroga, coordinador académico de comunicación social de Areandina, la proximidad de la aplicación es el mayor riesgo: “Un desacuerdo político puede sentirse menos como un desacuerdo y más como un insulto personal”. Esta “polarización afectiva” nos hace creer en la información no en función de su veracidad, sino en función del afecto que sentimos por quien la transmite.
¿Por qué se calientan los chats?
WhatsApp no es un foro de discusión moderado; Es un espacio diseñado para la inmediatez. Mensajes cortos, audios llenos de indignación y memes alarmistas activan miedos e identidades profundas. Según Patarroyo, el debate en este canal tiende a ser “más reactivo que reflexivo”, por lo que el ridículo o el miedo se propagan más rápido que cualquier verificación.
Reglas de oro para no “prender fuego al grupo”.
Para evitar que una diferencia ideológica termine en un punto muerto o en una ruptura familiar, los expertos sugieren tres estrategias básicas:
Haz preguntas en lugar de acusaciones: si un familiar comparte una cadena sospechosa, lo peor que se puede hacer es descalificarlo de plano. «La estrategia más eficaz es hacer preguntas: ¿De dónde proceden estos datos?» “¿Qué medio lo publicó?” dice Patarroyo. Esto obliga a la discusión a pasar del impulso a la evidencia. Contactar a auditores externos: en lugar de involucrarse en una batalla de opiniones, es más efectivo compartir enlaces a portales especializados en verificación de datos (por ejemplo, Colombiacheck). Esto centra la atención de la gente en los hechos. Separar identidad de posición: No estar de acuerdo con una idea no convierte a la otra persona en enemigo. «La política es complicada; los vínculos, en cambio, son de largo plazo», recuerda el docente de Areadina. Higiene digital y límites
En los grupos de trabajo tiene sentido definir si se permiten contenidos partidistas o si el canal debe ser exclusivamente profesional. Se pueden acordar reglas mínimas con los miembros de la familia, como por ejemplo: compartir cadenas anónimas o evitar insultos que salven la armonía en el hogar.
A veces la mejor manera de “ganar” una discusión en WhatsApp es no participar. Desviar la conversación al ámbito privado o simplemente no responder cuando sube el tono son formas de higiene digital necesarias en tiempos electorales. En última instancia, mantener la relación es más valioso que tener la última palabra sobre un mensaje reenviado.











