En un sistema educativo donde la deserción escolar sigue siendo un problema latente (con una tasa de deserción de alrededor del 3,62% según el Ministerio de Educación), las instituciones enfrentan la responsabilidad de ir más allá de informar datos. El nuevo paradigma escolar requiere reconocer que cada estudiante tiene un camino único hacia el éxito. Esto incluye desarrollar estrategias específicas para aquellos con habilidades sobresalientes que requieren mayores desafíos académicos.
El modelo de “mentes creativas”
Para cubrir esta necesidad han surgido programas como Creative Minds, una iniciativa que tiene como objetivo identificar, apoyar y fortalecer las fortalezas de los estudiantes a través de experiencias interdisciplinarias. Deisy Jaramillo, jefa de Apoyo Académico de Bachillerato del Colegio de Inglés, explica que el objetivo es conectar los intereses de los estudiantes con problemas reales del entorno.
Según Jaramillo, los beneficios de estos modelos de apoyo son multidimensionales:
Desarrollo integral: Fomentas las fortalezas e intereses específicos de cada individuo. Innovación: Promueven el desarrollo de soluciones originales a problemas complejos. Habilidades del Siglo XXI: Desarrollarás el pensamiento crítico, la autonomía, la perseverancia y la tolerancia a la frustración. Compromiso social: Combinas el aprendizaje con la resolución de necesidades reales del entorno y del entorno social. Del aula a la investigación real
En teoría, el proceso no termina. La metodología del “aprendizaje basado en proyectos” es la piedra angular de esta formación, que culmina en exposiciones públicas en las que los estudiantes presentan soluciones a retos de actualidad. Temas como inteligencia artificial, salud emocional, sostenibilidad ambiental y protección de especies en peligro de extinción son cubiertos por estudiantes desde la escuela primaria hasta la secundaria.
Identificar estos talentos es un proceso riguroso. En instituciones como English School, el viaje comienza con observaciones y listas de verificación, seguidas de evaluaciones específicas y pruebas cognitivas que nos permiten diseñar un camino de apoyo a la medida de cada estudiante.
El valor de la educación con propósito
Al brindar espacios para profundizar en temas de interés personal y desarrollar sus propios proyectos, los estudiantes no solo mejoran sus habilidades académicas sino que también aumentan dramáticamente su motivación. “Más allá de presentar resultados, la experiencia les permite fortalecer habilidades claves como la comunicación y la colaboración y desarrollar una visión más reflexiva y comprometida”, concluye Jaramillo.
Iniciativas como estas demuestran que cuando la educación se vincula a los intereses genuinos de los estudiantes y se les ofrecen desafíos acordes a su potencial, el aula ya no es sólo un espacio para la repetición, sino que se convierte en un hervidero de soluciones a los desafíos del mundo actual.












