Cada año, el 31 de mayo, el mundo celebra el Día Mundial Sin Tabaco con un propósito que va más allá de la fecha: recordar que el consumo de tabaco y productos relacionados es la principal causa evitable de muerte en todo el mundo, cobrando más de 7 millones de vidas cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se estima que este hábito está asociado con alrededor de 88 muertes por día y entre 34.000 y 35.000 muertes por año sólo en Colombia. Además, el sistema nacional de salud destina alrededor de 4.500 millones de pesos anuales para el tratamiento de enfermedades relacionadas con el tabaquismo.
A este panorama se suma el auge del vapeo, considerado erróneamente como un producto inofensivo, no adictivo y una alternativa viable al consumo de tabaco. Esta percepción afecta directamente a los adolescentes, quienes representan la población de mayor prevalencia según la Encuesta Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas del DANE. Es por eso que desacreditar los mitos más comunes sobre el vapeo se ha convertido en una prioridad de salud pública.
Cinco mitos sobre el vapeo que la ciencia desmiente: “Vape es solo vapor y no causa ningún daño real”: el nombre en sí crea una percepción falsa. La OMS advierte que estos dispositivos no emiten vapor de agua, sino un aerosol cargado de partículas ultrafinas, compuestos orgánicos volátiles, formaldehído y metales pesados como plomo y níquel, todos los cuales tienen la capacidad de provocar daños pulmonares continuos. “El vapeo es la mejor manera de dejar de fumar”: Ninguna autoridad reguladora lo reconoce como un método aprobado para dejar de fumar. Por el contrario, los estudios muestran que quienes combinan cigarrillos y cigarrillos electrónicos al mismo tiempo duplican el riesgo de sufrir daños. Además, la OMS advierte que varios productos etiquetados como «sin nicotina» en realidad contienen nicotina. “Si no hay nicotina, no hay riesgo”: La ausencia de nicotina no equivale a la ausencia de riesgo. Los líquidos calentados liberan sustancias tóxicas y saborizantes que se han relacionado con enfermedades pulmonares graves, por lo que la OMS advierte que estos productos son nocivos independientemente de su contenido de nicotina. “Como vapear es peor, el cigarrillo ya no es tan grave”: este debate ha llevado a algunos fumadores tradicionales a sentir que su hábito es menos dañino, lo cual es falso. Los cigarrillos convencionales siguen siendo directamente responsables de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el cáncer de pulmón y las enfermedades cardiovasculares. Ambos sistemas plantean un peligro crítico. “Es mi decisión, sólo me concierne a mí”: el humo y los aerosoles no respetan fronteras personales. La OMS estima que más de 1,6 millones de no fumadores mueren cada año como consecuencia del tabaquismo pasivo. Asimismo, el humo de tercera mano se deposita en superficies, ropa y cabello durante horas, afectando las condiciones ambientales que otros, especialmente los niños, respiran. El impacto en los jóvenes y las medidas de prevención
La velocidad con la que estos dispositivos se están generalizando entre los menores mantiene en alerta a los profesionales, ya que los diagnósticos complejos se realizan a edades cada vez más tempranas.
“Lo más preocupante es la velocidad con la que un producto como el vaporizador ha ganado fuerza y relevancia, sobre todo entre un público joven”. Hoy tenemos pacientes jóvenes con pulmones comprometidos que creen que usar cigarrillos electrónicos no es tóxico o que pueden controlar su consumo porque están “libres de nicotina” a diferencia de los cigarrillos. «Es importante desacreditar estos mitos con explicaciones sencillas y basadas en la ciencia». — Diego Caro, director médico de AstraZeneca.
En Colombia, las enfermedades respiratorias relacionadas con el tabaco y los cigarrillos electrónicos representan una pesada carga para la calidad de vida y el sistema de salud. Según la Cuenta de Altos Costos, en 2022, casi tres cuartas partes de los pacientes con cáncer de pulmón cuya estadificación fue reportada fueron diagnosticados en etapa IV, el escenario de mayor complejidad y menores opciones de tratamiento.
Ante esta realidad, AstraZeneca Colombia ha lanzado el Programa Salud Joven para fortalecer la prevención desde temprana edad. Aunque la evaluación final del programa mostró que el conocimiento adecuado sobre los efectos del tabaco aumentó en 25,5 puntos porcentuales y las actitudes saludables aumentaron del 47,2% al 58,4%, también encontró que el uso de cigarrillos electrónicos y cigarrillos electrónicos aumentó entre los participantes durante el período de intervención. Este indicador hace sonar la alarma de que es necesario redoblar los esfuerzos institucionales y educativos para combatir la desinformación antes de que sea demasiado tarde.












