La captura de Diego Marín, alias «Papá Pitufo», no fue el fin de una era para el contrabando en Colombia, sino el inicio de un terremoto político que apunta directamente al corazón del Pacto Histórico. En el epicentro de este sismo se encuentra un nombre que el Gobierno ha intentado borrar: Ramón Devesa González, el «hacker» español que actuó como el engranaje secreto entre el despacho presidencial y el criminal más buscado por las aduanas nacionales.
El Triángulo del Poder Oscuro
La relación no fue accidental. Investigaciones judiciales sugieren que Gustavo Petro no solo conocía la presencia de Devesa en los puertos, sino que habría validado su autoridad frente a instituciones como la DIAN. Mientras el país creía que Devesa realizaba labores de inteligencia contra el crimen, la realidad era mucho más turbia: el español fungía como el embajador en la sombra ante el imperio de «Papá Pitufo».
El esquema funcionaba bajo una premisa de beneficio mutuo: el Gobierno obtenía información privilegiada (y presuntos aportes económicos) mientras que las estructuras de Marín recibían un «blindaje técnico» coordinado por Devesa, quien utilizaba su acceso a los sistemas de seguridad del Estado para alertar sobre movimientos que pudieran afectar al «Zar».
El Video de la Traición: ¿Devolución o Extorsión?
El punto más crítico de esta conexión es el famoso video —grabado y editado por Devesa— donde se documenta la supuesta devolución de 500 millones de pesos entregados por «Papá Pitufo». Expertos de la Fiscalía analizan hoy si este registro fue una maniobra de lavado de imagen orquestada por Devesa para blindar a Petro ante una inminente investigación por financiación ilícita.
Sin embargo, fuentes de inteligencia sugieren que el video tuvo un uso mucho más siniestro: Devesa lo utilizó como un instrumento de chantaje. Al poseer la prueba de que el dinero de «Papá Pitufo» efectivamente entró en el círculo cercano del Presidente, el español se volvió intocable, logrando que Petro desautorizara a sus propios directivos (como Luis Carlos Reyes) con tal de mantener a Devesa bajo protección.
Las Claves de la Conexión Criminal
La Orden Presidencial: Testimonios aseguran que Petro ordenó que Devesa tuviera acceso total a Buenaventura, saltándose todos los protocolos de seguridad nacional.
El Financista en la Sombra: Diego Marín («Papá Pitufo») habría utilizado a Devesa como canal para intentar comprar su impunidad y mantener el control de los puertos bajo el nuevo gobierno.
El Mercenario Digital: Ramón Devesa, el hombre que unió ambos mundos, hoy es visto como el custodio de los secretos que podrían hundir la carrera política de Gustavo Petro.
Un Estado al Servicio de un Capo
La conclusión de los expedientes que hoy cursan en la justicia es devastadora: bajo la excusa de combatir a las mafias, la Casa de Nariño permitió que un «hacker» extranjero y un zar del contrabando diseñaran la política portuaria del país. Ramón Devesa no fue un asesor; fue el arquitecto de un pacto de silencio que hoy, con la confesión de los implicados, amenaza con desmoronarse y llevarse consigo la integridad del Ejecutivo.










