El pacto entre Abelardo de la Espriella y el ex-M-19 Carlos Alonso Lucio levanta serios interrogantes sobre la ética política y la verdadera agenda de una campaña que se vende como «salvadora» mientras se nutre de los extremos que dice combatir.
Colombia asiste a un espectáculo de pragmatismo cínico. La reciente formalización de Carlos Alonso Lucio como el «cerebro» detrás de la aspiración presidencial de Abelardo de la Espriella no es solo una movida audaz; es una contradicción caminante que desafía la memoria histórica del país. ¿Cómo es que el abogado que se presenta como el paladín del orden y la derecha más pura termina entregando las llaves de su estrategia a un hombre con un pasado en la insurgencia armada?
El Ideólogo de las Sombras
Carlos Alonso Lucio no es un actor nuevo en la comedia de enredos de la política nacional. Su historial en el M-19 —donde fue un cuadro clave en años de violencia y desestabilización— sigue siendo una mancha que muchos consideran imborrable, especialmente para un sector de la sociedad que aún recuerda las cicatrices de la toma del Palacio de Justicia.
Que hoy Lucio sea el encargado de redactar el programa de gobierno de «Defensores de la Patria» es, cuando menos, cuestionable.
Su tránsito de la guerrilla a la política tradicional, y de allí a ser el gerente de la derecha radical, sugiere una sed de poder que trasciende cualquier convicción ideológica.
Para los críticos, no se trata de una conversión democrática, sino de un oportunismo táctico que utiliza su conocimiento de la izquierda para «venderle» seguridad a una derecha asustada.
De la Espriella: ¿Liderazgo o Espectáculo?
Por su parte, Abelardo de la Espriella, conocido más por sus lujos y su retórica incendiaria que por una trayectoria en el servicio público, parece haber encontrado en Lucio el rigor que su figura mediática no posee. Sin embargo, esta unión genera desconfianza: ¿Puede un candidato que predica la «mano dura» y el respeto absoluto a la ley confiar su destino político a quien alguna vez empuñó las armas contra la Constitución?
La narrativa de la campaña intenta presentar a De la Espriella como un «fenómeno popular», pero tras bambalinas, la presencia de Lucio añade un manto de duda sobre cuáles son los verdaderos intereses de este proyecto. ¿Es una defensa de la patria o un asalto al poder por parte de dos figuras que se alimentan del conflicto y la polarización?
Una Alianza de Extremos
Esta coalición de intereses parece más un matrimonio de conveniencia que una propuesta de país. Mientras intentan presentarse como la alternativa a la «vieja política», recurren a las tácticas de siempre: la alianza con figuras cuestionadas y el discurso del miedo.Al final, la pregunta para el electorado es si Colombia está lista para entregarle el timón a un binomio compuesto por un abogado cuya carrera ha estado marcada por la controversia y un estratega cuyo origen está en las filas de la subversión.
Lo que ellos llaman «renovación», para muchos no es más que el reciclaje de los capítulos más oscuros y camaleónicos de nuestra historia política.











